QUEDARSE

Quedarse

Fuente de la imagen: Misiones Cuatro

    Son las 21:00. Dejo de mirar los números rojos del reloj digital del colectivo y vuelvo a observar por la ventanilla. ¡Ay! No me gusta lo que veo. La densa neblina cubre las calles de la Ciudad del Paraná y el chofer conduce muy rápido. De pronto, el autobús se detiene en una parada, a la cual no quería llegar. La niebla detrás de la ventanilla se disipa un poco. Me espanto al vislumbrar personas azules, inmóviles, con ojos abiertos. Pero no tengo más alternativa que bajar del vehículo: es la última parada.

   Me encuentro entre caras conocidas de una multitud quieta. Temo esta sensación de inminencia, creo que las estatuas me van a atacar. No me van a dejar hablar, voy  a ser como ellas, me adormecen el cuerpo… Me van a  dejar sola.

   Quiero ser parte de ellas para no tener miedo. Ellas están inertes y hermosas. Yo, en cambio, no puedo; estoy en constante movimiento. Tengo que mantenerme quieta como ellas y así lo hago, pero no puedo permanecer así por mucho tiempo: me caigo tratando de adoptar sus posiciones, me frustro y me angustio. Y en el suelo, siento pánico cuando veo cómo parece que me juzgan.

Anuncios

LUCES ENTRE LOS TRONCOS (parte III)

Luces (2)
El ser de ojos amarillos se asustó cuando vio de cerca a la joven. La primera y última vez fue durante un atardecer, en la arboleda situada frente a la casa de la humana. La había observado acercarse como loca a la densa vegetación. ¡Él nunca había sentido tanto temor!
Sigue leyendo

LA VIDA DE EBER*

Eber
Durante más de cuarenta años, Don Eber ha sido el propietario de un gran terreno que cimienta su vasta casa, caracterizada por su pintoresquismo… En realidad, solía haber en el lugar una edificación como la señalada, pero ha sido demolida para instalar allí tres o cuatro pequeños cuchitriles a fin de alquilarlos. Esto no le gustó nada al septuagenario Eber cuando apenas era una idea formulada ante él por sus parientes, herederos de sus pertenencias, quienes argumentaron que eso les sería más rentable que el negocio familiar textil, el cual favorecía más a la columna del haber que a la del debe. A él lo llevarían a vivir con uno de ellos y luego, velarían por hallar a alguien extraño que velara por él.

Sigue leyendo

EL TEMOR MÁS TEMIBLE

El temor   Durante más de cuarenta años, Eustaquio ha sido el propietario de un gran terreno que cimienta su vasta casa, caracterizada por su pintoresquismo… En realidad, solía haber en el lugar una edificación como la señalada, pero ha sido demolida para instalar allí tres o cuatro pequeños cuchitriles a fin de alquilarlos. Ésto no le gustó nada al septuagenario Eustaquio cuando apenas era una idea formulada ante él por sus parientes, herederos de sus pertenencias, quienes argumentaron que éso les sería más rentable que el negocio familiar textil, el cual favorecía más a la columna del haber que del debe. A él lo llevarían a vivir con uno de ellos y luego, velarían por hallar a alguien extraño que velara por él.

Sigue leyendo